Muerte digna – ¿A qué se refiere?

muerte digna

02.07.2018

“Humanizar el morir es también respetar la vida”. (Celia Bordin)

El ser humano tiene un derecho a la vida que la propia naturaleza le otorga y por ende se tiene que aceptar que la muerte deviene un hecho natural.

Cuando se habla de la muerte digna, nos referimos al derecho de cualquier persona con enfermedad terminal irreversible e incurable a decidir y manifestar su deseo de rechazar procedimientos ya sean: quirúrgicos invasivos, de hidratación, de alimentación y hasta de reanimación por vía artificial con la perspectiva de mejora y por generarle al paciente aún más dolor y padecimiento.

Comprendemos que el enfermo terminal es aquel individuo que padece una enfermedad que no puede ser curada y se espera como desenlace inevitable la muerte a corto plazo. Es decir, cuando la esperanza de vida no supera los seis meses. Generalmente estos pacientes padecen enfermedades como: cáncer, afecciones pulmonares o cardíacas bastante avanzadas.

Es por lo que, la atención hacia el enfermo en la fase terminal constituye una de las funciones más importantes e ineludibles del profesional de la salud, y durante la cual su principal objetivo no es liberar al paciente de su enfermedad, sino ayudarle a morir en paz; es decir, a vivir dignamente hasta que le llegue la muerte.

Los cuidados paliativos brindan una mejor calidad de vida al paciente y a sus familiares mediante el manejo sintomático, tratamiento, comunicación, apoyo psicosocial y espiritual, mejorando la calidad de vida al final de la vida del paciente y asegurando el bienestar de sus familiares.

Los profesionales de la salud constantemente se enfrentan con situaciones que se requiere la toma de decisiones difíciles, y muchas veces tiene que ver con enfermos en fase terminal. La Ética ha estudiado estas situaciones y se han creado algunos conceptos para facilitar su comprensión.

Uno de ellos es la eutanasia que se define como “la conducta intencionalmente dirigida a terminar con la vida de una persona que tiene una enfermedad grave e irreversible, por compasión o razones médicas”, es decir, que un profesional de la salud ayuda a un paciente a morir cuando su cuerpo ya no responde al tratamiento o cuando la enfermedad está muy avanzada que ya no tiene la posibilidad de recuperarse.

De igual manera el estudio de la Ética nos habla de otros dos conceptos: la “ortotanasia” y la “distanasia”.

La ortotanasia se refiere a permitir que la muerte ocurra “cuando deba de ocurrir”, por lo tanto, los profesionales de la salud están capacitados para otorgar al paciente todos los cuidados y tratamientos para disminuir el sufrimiento, pero sin alterar el curso de la enfermedad y por lo tanto el curso de la muerte.

Por el contrario, el concepto de distanasia se refiere a la prolongación innecesaria del sufrimiento de una persona con una enfermedad terminal, mediante tratamientos o acciones que de alguna manera “calman” los síntomas que tiene y tratan de manera parcial el problema, pero con el inconveniente de estar prolongando la vida sin tomar en cuenta la calidad de vida del enfermo.

Estos temas en la actualidad son motivo de debate, pues hay quienes creen que el ser humano no tiene el derecho a decidir sobre la vida humana y, por otro lado, hay quienes se promulgan a favor de la vida y en contra del sufrimiento.

En enero del 2017 la Asamblea Constituyente de la Ciudad de México aprobó el derecho a la Muerte Digna, dentro del artículo 11 de la primera Constitución capitalina por el diputado constituyente Jesús Ortega Martínez, quien la impulsó como un derecho a la autodeterminación personal. Un apartado del artículo 6 reza que “la vida digna contiene implícitamente el derecho a una muerte digna”.

La normativa ha producido una confusión, ya que algunos la interpretaron como una autorización de la eutanasia. Ello ha generado una gran polémica entre la sociedad, la Iglesia católica y el sector médico.

Existe una Ley de Voluntad Anticipada en la Ciudad de México. Creada en el 2008, tiene como propósito defender lo que desea el paciente antes de morir, si quiere prolongar o no su vida mediante tratamientos médicos.

Podemos concluir que todas las personas tienen derecho a una asistencia de calidad científica y humana, por lo que recibir una adecuada atención al final de la vida no debe ser considerado un privilegio sino un auténtico derecho.